jueves, noviembre 12, 2009

Verano

Porque me gusta el verano de Vivaldi, no preguntes, es una melodía con fuerza, enérgica y con mucho carácter. Tal vez sea el violín, o quizás las corcheas o las fusas lo que me encandila.

Me recuerda a las fuertes tormentas de verano en la costa, con el viento atizando a las olas y la lluvia repentina de la gota fría removiendo la tierra de jardines y parques. Puedo casi sentir todo el aparataje eléctrico, los truenos, el temblor de los cristales, el paso de agua líquida a granizo y vuelta al agua otra vez. Parece dar tregua, ya sólo chispea y algún rayito de sol se deja entrever. Pero nada es eterno, la tranquilidad que se respira tras un aguacero, todo el olor a ozono, a hojas húmedas y tierra mojada se rompe de nuevo por el remate final, el agua es arrojada desde las nubes sin contemplaciones, descuidando su caída en un principio y a término perfecta, coordinada en una danza rítmica sobre todo lo expuesto a ella. Las riadas vagabundas callejean buscando a sus semejantes, haciéndose fuertes mientras el cielo es débil, y en un descuido, desaparecen en el mar, se sumergen en las arenas y entre las piedras prometiendo volver, volver para recobrar lo perdido.




miércoles, agosto 12, 2009

¡Qué fenomenal, atasco en la nacional!

Suele ser raro irte de vacaciones y que todo salga a la perfección, bordadito y con puntilla. Unas veces es el tiempo, otras la maleta, otras que el sitio no es lo estupendo que pensabas que era, los vecinos o, la causa más común, los atascos de ida y vuelta.

A veces, para evitar aglomeraciones en la carretera la primera opción es partir al amanecer, cuando todavía no han puesto ni las calles pero también es cuando más sueño tienes. Seguro que a las cuatro de la madrugada hay poco tráfico, pero, ¡ostras! yo a esas horas no soy persona ni para atinar a vestirme. También se puede salir de viaje un día entre semana, y que no coincida con los dos primeros o dos últimos días del intervalo vacacional de máxima afluencia, es decir, bajo ningún concepto se te ocurra ponerte en carretera durante una "operación salida" coordinada por Tráfico, porque siempre son un caos. Esa cosa que parece un atisbo de coordinación y un plan de actuación pensado no es más que el resultado de aquellos que han conseguido irse a dormir a las seis de la tarde y haberse puesto en marcha antes del amanecer.

Pero huyendo de esos dos factores garantía de atasco, un día normalito, a una hora normalita por una autovía por la que no suele haber demasiado tráfico, también te puede tocar sorpresa. Y ésta es la que me tocó a mí, un diecisiete de julio, viernes.

El viaje había empezado con problemillas nada más salir de la ciudad. La típica lucecita en el salpicadero que indica un fallo relacionado con la potencia del motor y la inyección, pero nada más ¡Hay que ver qué ambiguos son esos iconos! Se enciende, se apaga, se enciende, se apaga. Nos hartamos de ella y la ignoramos hasta que en Tarancón encontramos un taller oficial de la marca y allí nos desvelan el misterio: al cambiar el líquido de frenos la goma del turbo había quedado suelta. Pues nada, se enchufa el tubito y a correr. Más tarde nos dimos cuenta del tiempo tan valioso que habíamos perdido en ese pueblecito manchego.

La A-3 no era un horror ese día, habían bastantes coches y camiones, pero no encontramos retenciones. Hasta que a falta de quince kilómetros para nuestra salida, en la autovía de Valencia comenzamos a detenernos como en un atasco más, pero esta vez estamos relativamente cerca del origen. Y sorprendentemente la gente está ya fuera de los coches, lo que quiere decir que ya llevan ahí un rato. Nos bajamos y a unos doscientos metros más adelante nos es mostrada la causa de la parada.



Por lo que nos fueron contando los que estaban allí, un camión cargadito de cebada había tenido un accidente. La transmisión del vehículo se le había partido mientras circulaba en sentido Madrid, había saltado la mediana llena de arbustos y había ido a empotrarse contra un talud de hormigón en el sentido contrario, casi arrollando a un turismo que milagrosamente sólo reventó las ruedas, y quedándose atravesado en medio de la calzada con toda la mercancía desperdigada a lo largo de otros cien metros más allá.




Debía de haberse producido hacía poco tiempo porque al rato, largo, se presentó allí la Guardia civil. Éstos no debían saber muy bien lo que tenían que hacer, así que allí se quedaron hasta que llegaron los bomberos unos diez minutos más tarde, que por lo visto tampoco tenían muy claro el protocolo de actuación. Después aquello se convirtió en un goteo de vehículos oficiales y no tan oficiales. El lugar del accidente empezaba a estar saturado de gente: guardias, bomberos, atestados, ambulancia, grúa del seguro, grúa más grande para mover el camión.... y ¡tachán! un helicóptero del 112 que apareció a la media hora larga de que nos detuviéramos nosotros. Menos mal que el camionero no se encontraba grave en principio.

En estas situaciones te puedes encontrar con casi cualquier cosa, y para muestra, un botón: Una vez personadas allí las autoridades, y esto según algunos de los curiosos que iban y venían, telefonearon al dueño de la carga y jefe del camionero informándole de la situación, pero lo sorprendente es la primera pregunta del sujeto: "¿Cuánta mercancía se ha perdido?" ¡Pero hombre, por el amor de Dios, finge al menos un poco de interés por el pobre camionero que le ha podido pasar cualquier cosa!

Hora: las 13:30

Esperamos todos pacientemente a que se solucione el problema. No puede ser tan difícil, estabamos junto a un hueco asfaltado de la mediana de los usados para habilitar carriles de sentido contrario al habitual pero protegido por quitamiedos metálicos ¿por qué no quitan los quitamiedos, ponen unos cuantos conos y nos vamos todos de allí? Por lo visto es demasiado dificultoso. Se buscan planes alternativos. Una vez que el helicóptero despega, unos cuarenta y cinco minutos después de que llegara, comienza de nuevo la preocupación ciudadana. Estabamos a pleno sol, con un calor asfixiante y sólo unos pocos llevaban agua suficiente para todos los que iban en el coche y para tanto rato.

Ya pasan de las dos de la tarde y todos allí, sin poder movernos, achicharrados.

Llegan noticias de que el atasco está llegando a Medinaceli. Se van a enterar los que vengan detrás, esto llegará a Madrid sí o sí.




Como por pasar el rato, nos dedicamos a acercarnos al camión accidentado, ya que no podemos ayudar a moverlo, al menos para aportar alguna idea a los desorientados guardias civiles que no saben qué hacer, y los bomberos tampoco, y además todas las ideas que da la gente no son viables, ni siquiera apartar el remolque a un lado y quitar el grano a paladas. En la ida y la vuelta al coche me di cuenta de lo útiles que son algunos modelos de cofre que cubren el motor de la cabina de los camiones; bien puestos, sirven como un perfecto toldo y unas cuantas personas caben debajo.

El camión frigorífico podría dejarnos pasar por turnos a la nevera ¿no?

Más tarde corre la voz de que el camión es muy dificil de sacar, que el quitamiedos lateral está incrustado bajo el depósito de la gasolina y cualquier movimiento brusco puede provocar una fuga y el desastre también. Oh, gran idea de un guindilla: hacer dar la vuelta a todo el mundo hasta la salida anterior.

¡¡¿¿Pero es que a esta gente no les informa nadie de lo que hay montado detrás??!! Y más aún cuando la parada (que ya es estacionamiento) está durando cerca de las dos horas y media.

Un pobre hombre, se nos acerca para preguntar si ésta carretera atascada conduce a Torrevieja "No hijo, no, esta autovía va derechita a Valencia, el desvío para alicante y murcia estaba mucho más atrás, aunque más adelante habrá otra bifurcación que conecte con esa carretera" "Oh, vaya, qué mala suerte, y encima estoy aquí atascado. Bueno, muchas gracias" Sí, la verdad es que hoy no era tu día.

Continúan pasando conductores y acompañantes indignados y enfadados que regresan de hablar con los agentes. Se confirma la teoría sobre los guardias y demás supuestos organizadores: esta gente está más perdida que una cabra en un garaje.

Hora: las 15:30

La gente más próxima al lugar del accidente comienza a aplaudir y las caras que regresan a sus coches se ven más alegres: "¡¡Que han abierto paso!! han entrado unas excavadoras por la siguiente salida y han podido apartar el grano a un lado"

¡¡Milagro, milagro!! Nos montamos todos en los coches y empezamos a llamar a los familiares y amigos que nos esperaban para antes de comer diciendo que saldremos de ahí en poco tiempo; quizás para las cuatro y algo ya hayamos llegado a casa.

Menos mal que estábamos cerca del inicio del atasco. Lástima que el coche comenzara el viaje con problemas.

viernes, agosto 07, 2009

Cuarto día: Carretera convencional

Otro día más, pero éste después de un día festivo, así que tenía que comprobar que no se me habia olvidado nada importante.

Antes de nada, el arrecife, como siempre, y antes de que me pase lo del dia anterior con las maniobras, en el primer semáforo, que siempre está en rojo, la profesora me cuenta el plan de acción de hoy: carretera convencional, y para eso nos vamos a ir hasta Meco ¡Horror, tendré que ir a más de 40 kilómetros por hora! Me sigue asustando la velocidad, mis reflejos no son suficientes todavía y si a eso le sumamos que no calculo las dimensiones del coche...

La "operación rotonda" al menos va mejorando, los intermitentes los pongo, puedo mirar por los retrovisores, y lo más importante, puedo entrar en ellas decididamente y por mi carril desde el principio, que, oye, es un avance. Es más, hoy he salido por primera vez desde el carril interior y no he chocado con nadie.

Me siguen despistando los retrovisores derecho y el izquierdo a veces. No sé por qué no siempre interpreto bien lo que veo, es como si no supiera si realmente está a la derecha o más a la izquierda, y los intermitentes ya no digo nada, eso es un despiste total, y si encima es un Peugeot 206, que tiene los intermitentes en un lugar raro del faro delantero... ¡buf!

Nos ponemos en carretera y saco todo mi empeño para ir rapidito pero dentro de mi control, pero la profesora lo ve de forma diferente: en el coche sólo faltaban los pompones para terminar de animarme a acelerar "¡venga esa tercera!" "¡a ver ese cambio a cuarta!" Y aún así me ha tenido que recordar la velocidad mínima, 45km/h, y al final ha surtido efecto. Bueno, eso y que por una esquinita del retrovisor pudimos ver unos 10 coches que nos seguían como a mamá pato una hilera de patitos.

En una rotonda uno de los patitos impacientes me ha adelantado por el carril izquierdo y casi choco con él ya que quería salir por la misma salida que yo. Y esto me ha pasado dos veces, una de ellas con una moto, como pa' habernos matao'. Hay que ver cómo es esta gente, que no se acuerdan de cuando aprendieron ellos.

Los cambios de marcha de segunda a tercera, tercera a segunda y reducciones en pendiente van muy bien. El logro de hoy, aparte de la velocidad, ha estado en subir una super-pendiente haciendo paradas y sin calar el coche. La pena es que luego al bajar por una pendiente, me ha ocurrido de esas veces que vas pendiente de tantas cosas que miras sin ver, y cuesta abajo, cuesta abajo; marcha arriba, freno abajo, me he quedado a las puertas de una calle en sentido contrario, con unas señales de sentido prohibido del tamaño de ruedas de camión, pero ni con esas, por alguna oscura razón todo el mundo que baja por ahí acaba casi o metido en esa calle en vez de girar a la izquierda, la única dirección posible.

Regresamos y la velocidad incluso se me hace cómoda, alcanzando los 50km/h en algún tramo. Al llegar, casualmente, donde iba a realizar la parada se va un coche aparcado y me toca terminar con una clase exprés de estacionamiento en línea: culo con culo, girar la dirección, ver los faros, enderezar, un pasito pa' alante María, un pasito pa' atrás... y ¡coche estacionado! con espacio de sobra para alivio de los dueños de los coches entre los que terminamos.

Hoy incluso he comprobado lo que pueden llegar a distraer las llamadas por teléfono con manos libres, de tres que ha recibido la profesora, en al menos dos ha tenido que intervenir porque me despistaba: o se me iba el volante, o no atinaba con el embrague...

Moralejas: los habitantes de "mecolandia" (aunque no ellos sólo) son una panda de impacientes incomprensivos, y la segunda es que voy a tardar lo mío en atreverme a conversar con alguien al volante. Hasta la fecha son cosas disociadas, y como hay preferencia en la conducción, el acompañante en el fondo habla solo y yo apenas escucho alguna palabra suelta.

Por cierto, dentro de poco, "cuando me líe la manta a la cabeza" y esté lo suficientemente confiada podré llevarme a alguien para ponerme nerviosa y que haga las funciones de examinador ¿quien se apunta?

No todos a la vez por favor, jejejeje

miércoles, agosto 05, 2009

Tercer día: Ceda el paso, no STOP

Hoy ya sabía más o menos lo que había, iba a empezar yo sola desde el principio y las piernas ya no son tan de gelatina, son más bien como una rama de apio.

Volvemos hacia espartales porque como dice la profesora"¡lo tiene todo!" Me empieza a contar lo que ibamos a hacer hoy, pero entre que conseguía salir de una rotonda, hacía un giro de 180º hacia una calle estrecha y cambiaba de marcha no me había enterado de nada, tan sólo recordaba haber oído un "ceda el paso" y "primera".

Entre pitos y flautas y que le digo que si puede repetirmelo en un semáforo porque no me he enterado de nada, me toca detenerme en un semáforo cuesta arriba. Aquí no es momento de repeticiones. Tengo que salir cuesta arriba, sin que el coche se vaya hacia atrás ¡y todavía no me había contado cómo demonios se hacía eso sin calar el coche! Primer intento en la frente: coche calado. Tranquila, a ver si a la segunda... soltar embrague pero con el freno pisado... parece que el motor va a chascarse... "¡suelta ahora!" Y el coche salió sin más problema que la rotonda que tenía justo delante en la que se me olvidó ponerme en el carril derecho.

Llegamos a la "plantación de cedas". El misterio está en pasar de segunda a primera antes de la señal triangular, soltando un poco el embrague para que se frene el coche pero sin soltarlo demasiado para darme tiempo a mirar a ambos lados y salir casi "quemando rueda", que en mis condiciones actuales equivaldría a salir a 20km/h.

Sumando conocimientos se me empiezan a enredar los pies en los pedales, el intermitente se me olvidaba a la salida de las rotondas y las reducciones de marcha eran ahora demasiado bruscas. Y a eso habría que sumarle que subiendo un puente en vez de meter tercera se me ha ido la palanca y he metido quinta, y como iba ya de los nervios por todos los fallos que acumulaba y que no conozco a la perfección la reacción del motor al cambio de marcha, he tardado lo mío en reaccionar desde que la profesora me avisa de que "eso no es tercera, que es quinta", embrago, busco la tercera y "no, ahora pon segunda que si no el coche a esta velocidad no tira" me fijo y ya iba a 20 otra vez y no había acabado de subir.

¡Qué paciencia hay que tener para esto!