martes, febrero 09, 2010

Cuando tu madre lo dice...


Hace unos años, bastantes, se lanzaron al mercado farmacéutico un nuevo formato de medicamento: los Genéricos

Ya entonces se montó un revuelo por el cambio de nombre para una misma cosa que encima costaba menos; eso no podía ser lo mismo, así que el gobierno lanzó a diestro y siniestro campañas para que la gente no extrañara esa nueva presencia en su farmacia de toda la vida, y más cuando el médico te escribía en la receta un nombre rarísimo "-Perdone, pero lo que yo me estaba tomando para esto no se llamaba metaminosequé" "-No, señora, el metamizol es igual que el Nolotil que se tomaba. Es el medicamento en genérico, que es más barato que el otro" "-Vale doctor, dice que es lo mismo, pero mejor póngame ahí mi Nolotil que ya se lo que es".
A mi tampoco llegó a convencerme esa equivalencia, podían hacer mas o menos lo mismo, pero de ahí a que fueran lo mismo... no se yo.
Y ahora me llega la confirmación de que estaba en lo cierto. Porque para un genérico, el único requisito es que su principio activo logre una concentración en sangre igual a la del medicamento que quiere "imitar", por así decirlo. Pero como no todo el monte es orégano, igual que algunas equivalencias eran prácticamente iguales del todo, como los fármacos ibuprofeno o paracetamol, otras pueden no tener exactamente el mismo efecto que se consigue con el medicamento no genérico.
Si ya lo decía mi madre, que estas cosas no pueden ser exactamente lo mismo y ser mucho más baratas al mismo tiempo.

lunes, febrero 01, 2010

Querer, querer...


Exámenes, oh, horribles cosas! Esto de querer ser algo en la vida siempre es más complicado de lo que parece a simple vista

jueves, noviembre 12, 2009

Verano

Porque me gusta el verano de Vivaldi, no preguntes, es una melodía con fuerza, enérgica y con mucho carácter. Tal vez sea el violín, o quizás las corcheas o las fusas lo que me encandila.

Me recuerda a las fuertes tormentas de verano en la costa, con el viento atizando a las olas y la lluvia repentina de la gota fría removiendo la tierra de jardines y parques. Puedo casi sentir todo el aparataje eléctrico, los truenos, el temblor de los cristales, el paso de agua líquida a granizo y vuelta al agua otra vez. Parece dar tregua, ya sólo chispea y algún rayito de sol se deja entrever. Pero nada es eterno, la tranquilidad que se respira tras un aguacero, todo el olor a ozono, a hojas húmedas y tierra mojada se rompe de nuevo por el remate final, el agua es arrojada desde las nubes sin contemplaciones, descuidando su caída en un principio y a término perfecta, coordinada en una danza rítmica sobre todo lo expuesto a ella. Las riadas vagabundas callejean buscando a sus semejantes, haciéndose fuertes mientras el cielo es débil, y en un descuido, desaparecen en el mar, se sumergen en las arenas y entre las piedras prometiendo volver, volver para recobrar lo perdido.




miércoles, agosto 12, 2009

¡Qué fenomenal, atasco en la nacional!

Suele ser raro irte de vacaciones y que todo salga a la perfección, bordadito y con puntilla. Unas veces es el tiempo, otras la maleta, otras que el sitio no es lo estupendo que pensabas que era, los vecinos o, la causa más común, los atascos de ida y vuelta.

A veces, para evitar aglomeraciones en la carretera la primera opción es partir al amanecer, cuando todavía no han puesto ni las calles pero también es cuando más sueño tienes. Seguro que a las cuatro de la madrugada hay poco tráfico, pero, ¡ostras! yo a esas horas no soy persona ni para atinar a vestirme. También se puede salir de viaje un día entre semana, y que no coincida con los dos primeros o dos últimos días del intervalo vacacional de máxima afluencia, es decir, bajo ningún concepto se te ocurra ponerte en carretera durante una "operación salida" coordinada por Tráfico, porque siempre son un caos. Esa cosa que parece un atisbo de coordinación y un plan de actuación pensado no es más que el resultado de aquellos que han conseguido irse a dormir a las seis de la tarde y haberse puesto en marcha antes del amanecer.

Pero huyendo de esos dos factores garantía de atasco, un día normalito, a una hora normalita por una autovía por la que no suele haber demasiado tráfico, también te puede tocar sorpresa. Y ésta es la que me tocó a mí, un diecisiete de julio, viernes.

El viaje había empezado con problemillas nada más salir de la ciudad. La típica lucecita en el salpicadero que indica un fallo relacionado con la potencia del motor y la inyección, pero nada más ¡Hay que ver qué ambiguos son esos iconos! Se enciende, se apaga, se enciende, se apaga. Nos hartamos de ella y la ignoramos hasta que en Tarancón encontramos un taller oficial de la marca y allí nos desvelan el misterio: al cambiar el líquido de frenos la goma del turbo había quedado suelta. Pues nada, se enchufa el tubito y a correr. Más tarde nos dimos cuenta del tiempo tan valioso que habíamos perdido en ese pueblecito manchego.

La A-3 no era un horror ese día, habían bastantes coches y camiones, pero no encontramos retenciones. Hasta que a falta de quince kilómetros para nuestra salida, en la autovía de Valencia comenzamos a detenernos como en un atasco más, pero esta vez estamos relativamente cerca del origen. Y sorprendentemente la gente está ya fuera de los coches, lo que quiere decir que ya llevan ahí un rato. Nos bajamos y a unos doscientos metros más adelante nos es mostrada la causa de la parada.



Por lo que nos fueron contando los que estaban allí, un camión cargadito de cebada había tenido un accidente. La transmisión del vehículo se le había partido mientras circulaba en sentido Madrid, había saltado la mediana llena de arbustos y había ido a empotrarse contra un talud de hormigón en el sentido contrario, casi arrollando a un turismo que milagrosamente sólo reventó las ruedas, y quedándose atravesado en medio de la calzada con toda la mercancía desperdigada a lo largo de otros cien metros más allá.




Debía de haberse producido hacía poco tiempo porque al rato, largo, se presentó allí la Guardia civil. Éstos no debían saber muy bien lo que tenían que hacer, así que allí se quedaron hasta que llegaron los bomberos unos diez minutos más tarde, que por lo visto tampoco tenían muy claro el protocolo de actuación. Después aquello se convirtió en un goteo de vehículos oficiales y no tan oficiales. El lugar del accidente empezaba a estar saturado de gente: guardias, bomberos, atestados, ambulancia, grúa del seguro, grúa más grande para mover el camión.... y ¡tachán! un helicóptero del 112 que apareció a la media hora larga de que nos detuviéramos nosotros. Menos mal que el camionero no se encontraba grave en principio.

En estas situaciones te puedes encontrar con casi cualquier cosa, y para muestra, un botón: Una vez personadas allí las autoridades, y esto según algunos de los curiosos que iban y venían, telefonearon al dueño de la carga y jefe del camionero informándole de la situación, pero lo sorprendente es la primera pregunta del sujeto: "¿Cuánta mercancía se ha perdido?" ¡Pero hombre, por el amor de Dios, finge al menos un poco de interés por el pobre camionero que le ha podido pasar cualquier cosa!

Hora: las 13:30

Esperamos todos pacientemente a que se solucione el problema. No puede ser tan difícil, estabamos junto a un hueco asfaltado de la mediana de los usados para habilitar carriles de sentido contrario al habitual pero protegido por quitamiedos metálicos ¿por qué no quitan los quitamiedos, ponen unos cuantos conos y nos vamos todos de allí? Por lo visto es demasiado dificultoso. Se buscan planes alternativos. Una vez que el helicóptero despega, unos cuarenta y cinco minutos después de que llegara, comienza de nuevo la preocupación ciudadana. Estabamos a pleno sol, con un calor asfixiante y sólo unos pocos llevaban agua suficiente para todos los que iban en el coche y para tanto rato.

Ya pasan de las dos de la tarde y todos allí, sin poder movernos, achicharrados.

Llegan noticias de que el atasco está llegando a Medinaceli. Se van a enterar los que vengan detrás, esto llegará a Madrid sí o sí.




Como por pasar el rato, nos dedicamos a acercarnos al camión accidentado, ya que no podemos ayudar a moverlo, al menos para aportar alguna idea a los desorientados guardias civiles que no saben qué hacer, y los bomberos tampoco, y además todas las ideas que da la gente no son viables, ni siquiera apartar el remolque a un lado y quitar el grano a paladas. En la ida y la vuelta al coche me di cuenta de lo útiles que son algunos modelos de cofre que cubren el motor de la cabina de los camiones; bien puestos, sirven como un perfecto toldo y unas cuantas personas caben debajo.

El camión frigorífico podría dejarnos pasar por turnos a la nevera ¿no?

Más tarde corre la voz de que el camión es muy dificil de sacar, que el quitamiedos lateral está incrustado bajo el depósito de la gasolina y cualquier movimiento brusco puede provocar una fuga y el desastre también. Oh, gran idea de un guindilla: hacer dar la vuelta a todo el mundo hasta la salida anterior.

¡¡¿¿Pero es que a esta gente no les informa nadie de lo que hay montado detrás??!! Y más aún cuando la parada (que ya es estacionamiento) está durando cerca de las dos horas y media.

Un pobre hombre, se nos acerca para preguntar si ésta carretera atascada conduce a Torrevieja "No hijo, no, esta autovía va derechita a Valencia, el desvío para alicante y murcia estaba mucho más atrás, aunque más adelante habrá otra bifurcación que conecte con esa carretera" "Oh, vaya, qué mala suerte, y encima estoy aquí atascado. Bueno, muchas gracias" Sí, la verdad es que hoy no era tu día.

Continúan pasando conductores y acompañantes indignados y enfadados que regresan de hablar con los agentes. Se confirma la teoría sobre los guardias y demás supuestos organizadores: esta gente está más perdida que una cabra en un garaje.

Hora: las 15:30

La gente más próxima al lugar del accidente comienza a aplaudir y las caras que regresan a sus coches se ven más alegres: "¡¡Que han abierto paso!! han entrado unas excavadoras por la siguiente salida y han podido apartar el grano a un lado"

¡¡Milagro, milagro!! Nos montamos todos en los coches y empezamos a llamar a los familiares y amigos que nos esperaban para antes de comer diciendo que saldremos de ahí en poco tiempo; quizás para las cuatro y algo ya hayamos llegado a casa.

Menos mal que estábamos cerca del inicio del atasco. Lástima que el coche comenzara el viaje con problemas.